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El delfín

Autor: (Anónimo)

Tipo de texto: Expositivo


Siempre se han contado historias extraordinarias sobre los delfines: los más alegres y simpáticos habitantes que pueblan los mares.

Algunos zoólogos se inclinan a desmentir muchas de estas versiones, que consideran inverosímiles. Pero otros afirman que, en efecto, los delfines ocupan en la escala de las inteligencias un lugar notablemente elevado.

En los Estados Unidos, ciertos científicos, estudiando los hábitos de los delfines, han conseguido en parte comprender su lenguaje y comunicar con ellos, transmitiéndoles órdenes sencillas, que los delfines ejecutan alegremente. Son muchos los náufragos que han afirmado deber su salvación a los delfines, que les llevaron hasta la orilla; también, los pescadores atestiguan sobre la afectividad de los delfines macho y hembra y los cuidados de las madres con sus hijos, llevándolos en la boca en caso de peligro –como las gatas– hasta dejarlos a salvo.

Debido a sus capacidades extraordinarias para la natación, los delfines no tienen dificultades para su alimentación: son más rápidos que sus presas.

Por su gran sociabilidad, suelen agruparse en gran número –a veces, hasta millares–: retozan, saltan y se persiguen, con su elegantísimo nadar, en un ambiente de felicidad casi perfecta, consiguiendo saltar fuera del agua gracias a la fuerza de su aleta caudal.