La zorra confesora
Obra: Cuentos populares rusos | Autor: Afanasiev | Tipo de texto: Narrativo | Etapa: Primaria | Lecturas: 1051
Compartido por: habijer el 2012-02-11
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La zorra se había pasado una vez una larga noche otoñal en ayunas, husmeando por el bosque. Al amanecer llegó a una aldea, se coló en el co-rral de un campesino y luego en el gallinero, donde estaban ya recogidas todas las gallinas. Se deslizaba sigilo- samente para echarle a una la ga-rra cuando, siendo la hora de cantar el gallo, éste empezó de pronto a sa-cudir las alas y mover las patas de sitio hasta que lanzó su estridente qui-quiriquí. Del susto la zorra se cayó del palo al que se había subido, pegán-dose un trastazo tan tremendo, que se pasó tres semanas en cama con ca-lentura.

Un día, al cabo de algún tiempo, se le ocurrió al gallo darse un paseo por el bosque. La zorra, que andaba acechándose, se escondió detrás de un arbusto, a la espera de que se acercara. Pero el gallo descubrió un árbol seco, se subió a él de un revoloteo, y allí se quedó.

Entre tanto, ya cansada de la espera, la zorra hubiera querido que el gallo se bajase del árbol. Cavila que te cavila, se dijo: ?Lo mejor será dis-traerle con alabanzas?.

--Buenos días, Gallo - saludó, llegándose al pie del árbol. «¿Para qué la habrá traído el diablo hasta aquí», se preguntaba el gallo mientras la zorra empezaba con sus tretas:

--He venido porque te quiero bien, Gallo, porque deseo llevarte al buen camino y hacerte recapacitar. Fíjate, Gallito, que tienes cincuenta mujeres y no te has confesado ni una sola vez. Baja aquí donde estoy, arrepiéntete y yo te perdonaré todos tus pecados.

El gallo fue bajando poco a poco hasta caer entre las garras de la zo-rra, que, nada más apresarle, dijo:

--¡Ahora verás tú! ¡Me las vas a pagar todas! ¡Te van a pesar todas tus malas pasadas, so indecente! Acuérdate de aquella noche de otoño tan oscura, que quise echarle mano a una gallinita, porque llevaba tres días sin probar bocado, y tú entonces te pusiste a agitar las alas y mover las patas...

--¡Qué bien hablas, y cuánta sabiduría es la tuya, dama zorra! Estoy pensando que pronto dará un banquete nuestro dueño y entonces pediré que te designen a ti para amasar los panecillos. Así tendremos tú y yo pa-necillos tiernos, hidromiel dulce... Sin hablar ya de que nos haremos fa-mosos...

La zorra aflojó las garras, y el gallo se remontó de un vuelo a un árbol.



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