Alguien especial
Autor: (Anónimo) | Tipo de texto: Argumentativo | Etapa: Primaria | Lecturas: 1806
Compartido por: @sabad el 2014-01-14
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El rey Federico vivía tranquilo en su pequeño reino. Una vez, un vendedor quería convencerlo de que comprara un robot.

- Lo siento, pero no lo necesitamos. Mi fiel empleado, Fermín, lleva cuarenta años encargándose de todas las tareas.

- Perdone que insista, majestad –decía el vendedor-, pero es que Servicil no es un robot cualquiera. Es diez veces más rápido y más eficaz que cualquier ser humano. Le tendrá el palacio como los chorros del oro y le hará unas comidas exquisitas.

-Ya, ya, si no se lo discuto –explicaba el rey Federico-. Pero ya le digo, que yo estoy muy contento con mi Fermín.

- Le ruego, majestad, que recapacite –insistía el vendedor-. Servicil no se cansa nunca y jamás tendrá dolor de espalda, ni de hombros, ni de rodillas… Trabaja a cualquier hora, no come, no necesita pagarle… Si todo son ventajas…

Al final, aunque el rey no quería, llegaron a un acuerdo. Fermín pensó que necesitaba unas vacaciones y le dijo al rey que aceptara el robot una semana. Si transcurrido ese tiempo quedaba satisfecho, él se retiraría, y podría quedarse con el fantástico robot; y si no, volvería a su trabajo de siempre.

Pasó el plazo, y el vendedor regresó, convencido de que le iban a comprar su carísimo robot. Pero fue Fermín quien le abrió la puerta:

-Pero majestad- dijo el vendedor, cuando llegó ante el rey. ¿Cómo es que no ha abierto Servicil? ¿No lo tendrá apagado?.

- Pues, sí, mire- contestó el rey-. Su robot es fantástico y me dejó el palacio reluciente en unas horas. ¡Por no hablar de lo bien que cocina! Pero yo, en un par de días, tuve que llamar a Fermín.

-¡Pero, no lo entiendo!- exclamó el vendedor.

-Es muy sencillo-le explicó el rey-. Servicil no me da las buenas noches cuando me acuesto, ni se levanta si me oye toser, no se sabe ninguna historia… Y, lo que es peor, ¡ni una sola vez se ha reído de mis chistes malos! ¡Y tampoco sabe jugar al parchís! Así que lo siento, pero me quedo con Fermín.

Y así fue como, a pesar de lo fantástico que era el robot, el vendedor se tuvo que marchar a probar fortuna a otro reino.



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