< Paulina (fragmento) >

Leído por C.M.C. de 6C el 2021-12-09

Texto

Obra: Paulina
Autor: Ana Mara Matute

Música

Obra: Gymnopdie No.1
Autor: Erik Satie
Intérprete: Daniel Varnaso

Nin no saba leer, porque no poda ir a la escuela del pueblo. Solo saba contar, porque su madre le haba enseado, con los dedos y de memoria. En la escuela del pueblo no podan ensear a nios ciegos. Y Nin era adems el nico cieguecito de aquel lugar. Y tuve una idea; la mejor de todas las ideas que he tenido. Cog otro cartn y dibuj todas las letras del abecedario, desde la A hasta la Z. Luego las fui pinchando con mucho cuidado con el alfiler, pero siguiendo los contornos muy exactamente. Yo no saba si era as el sistema Braille, del que habl el abuelo, pero en todo caso, me haba dado la idea.

Al principio Nin estuvo muy poco ilusionado con aquello.

- No podr -dijo-. Dicen todos que yo no podr leer nunca.

- Pero no seas tozudo, Nin! No has visto cmo distingues muy bien las fichas marcadas? Pues lo mismo, lo mismo hars con las letras! Si es tan fcil!

Al fin se dej convencer. Nos sentamos juntos, l con el cartn sobre las rodillas. Yo le coga la mano derecha y con el dedo ndice le haca repasar los bordes de las letras.

- Esta que tiene pico, es la A. Esta que tiene dos barrigas es la B. Esta que es media rosquilla es la C...

Nin se rea un poco de lo que yo le deca. Pero como era de lo ms listo, en seguida se dio cuenta de que era bastante ms fcil de lo que pareca. Yo haba dibujado las letras maysculas, porque, verdaderamente, si no, hubiera sido ms difcil.

As iban pasando los das. Nin aprenda bastante bien. Luego, yo le pona el lpiz en la mano y l trazaba las letras en mi cuaderno. Al principio le salan muy mal, pero yo no se lo deca, para no desanimarle. La primera A que traz era como una montaa rusa, y de la B, ni hablemos, pareca la carretera de las montaas, llena de eses y de curvas. Pero luego... qu enormemente listo era!

Tuve que pensar que era mucho ms listo que yo, y eso que en el colegio no era de las ms atrasadas y las profesoras decan que, si no fuera tan perezosa, tendra bastante fsforo. Pues yo, nada, lo que se dice nada, comparada con Nin. Porque hay que pensar que l no vea y que era la primera vez que coga un lpiz y que al principio no saba cmo sujetarlo entre los dedos! Marta se sentaba a nuestro lado para mirarlo y deca:

- Pero, muchacha, quin hubiera tenido una maestra como t! Ya ves, paso de los cincuenta aos, Dios me dio un buen par de ojos y no s leer ni escribir.

- Y por qu no sabes leer ni escribir? -le pregunt muy extraada.

- Ay, chiquita, porque ramos muy pobres y cuando deb andar a la escuela, me metieron a trabajar. As es la vida, mueca.

Y se fue a sus pucheros, suspirando. Estas cosas si que me hacan a m dao! Y me bullan muchas ideas por la cabeza, pero ni siquiera saba an cmo llamarlas.

En tanto, lo importante era que Nin pudiese aprender las letras, que luego ya le enseara yo a silabear y, al fin, a leer de corrido y a escribir lo mismo. Slo de pensarlo, el corazn me haca pum-pum-pum y hasta las primeras noches no me poda dormir ni nada, pensndolo. Poder ensear a leer a Nin!

Ya estbamos entrando en la semana de Navidad cuando Nin aprendi todo el abecedario. Al principio cost, pero las ltimas ya las aprendi en un periquete. Y tambin las trazaba, aunque no muy derechas, en el cuaderno. Yo, para que hiciera ms bonito, le daba un color distinto para cada letra. Y procuraba explicrselo:

- La A la ponemos encarnada. Sabes? El encarnado es un color que quema como el fuego. La B es azul. El cielo tiene el color azul y tus ojos tambin. El azul se parece un poco al ruido del agua, y el ro, segn como se mire, es tambin azul. La C es verde... el verde es como la hierba y como los rboles. Se parece a...

Pero Nin levant la cabeza y dijo:

- Ya lo s. Paulina, ya s cmo es el color verde.

- Cmo, muchacho? -dijo Marta, y hasta se qued con la espumadera en alto, goteando y brillando, al lado del fuego. Y Mara levant los ojos y dej de coser.

Nin repiti:

- S que s cmo es el color verde. Madre lo dijo.

Cuando dijo madre, a m me subi algo por la garganta; algo como si un pjaro quisiera escaparse.

- Madre lo cuenta -dijo Nin un poco impaciente, empezando a figurarse, tal vez, que no le bamos a creer.

- Qu dice? -le pregunt yo.

- Madre lo explic, la primavera pasada, cuando volva a casa. Padre me llevaba en el caballo, montado encima, y ya cuando nos acercbamos a nuestra casa padre gritaba llamndola. Yo ya saba que estbamos cerca, porque saba cmo sonaban las ramas de los rboles al pasar por el camino del bosque. Y adems notaba el olor del humo... Y a madre tambin. A madre la notaba, porque escuchando la tierra se la oa venir: y s que la tierra se oa, all por el camino. Con la voz de padre y con las pisadas del caballo y todo, yo oa a la tierra cuando vena madre a esperarme... Y entonces, as que padre me cogi y me baj, yo saba que ella estaba plantada en el camino, mirndome; yo lo saba muy bien y me estir todo lo que pude, para que ella viera lo que me haba crecido estando en la casa de los seores. Para que viera que de algo me serva la pena de separarnos. Y entonces madre se acerc y me echo el brazo por el cuello y me apret contra ella y dijo: Nin, Nin, todo est verde, hijo mo, est todo tan verde, tan verde... Y s lo estaba, yo lo notaba, porque me vena todo el olor de la hierba, con los rboles y con el vientecilo, y hasta lo senta en las plantas de los pies porque; porque, como haba llegado la primavera, me haba quitado padre las botas, a guardar para el invierno...

Nos quedamos callados.