< El corsario negro (fragmento) >

Leído por R.R.P. de 6C el 2022-11-23

Texto

Obra: El corsario negro
Autor: Emilio Salgari

Música

Obra: He's a pirate
Autor: Klaus Badelt
Intérprete: Taylor Davis

De entre las tinieblas del mar, surgi una voz potente y metlica:

-Alto los de la canoa o los echo a pique!

Al or tan amenazadoras palabras, los dos hombres que tripulaban fatigosamente una barquilla apenas visible, soltaron los remos y miraron con inquietud el algodonoso seno del mar. Tenan unos cuarenta aos, y sus facciones enrgicas y angulosas an parecan ms hoscas a causa de sus enmaraadas barbas. Llevaban sobre la cabeza sombreros amplios agujereados de balas, cuyas alas parecan rotas a dentelladas; sus camisas de franelas y sus calzones estaban desgarrados, y sus pies desnudos demostraban que haban caminado por lugares fangosos. Sin embargo, sostenan pesadas pistolas, de aquellas que se usaban en los ltimos aos del siglo XVI.

Ambos hombres, a quienes cualquiera habra tomado por fugitivos escapados de algn presidio del Golfo de Mxico, si en aquel tiempo hubieran existido tales establecimientos, al ver la gran sombra sobre ellos cambiaron entre s inquietas palabras.

-Carmaux, mira bien -dijo el que pareca ms joven-; t tienes mejor vista que yo.

-Veo un gran barco, a unos tres tiros de pistola. Pero no sabra decir si vienen de las Tortugas o de las colonias espaolas.

-Sean quienes fueren, nos han visto, Wan Stiller, y no nos dejarn escapar.

La misma voz de antes volvi a resonar en las tinieblas que cubran las aguas del gran Golfo:

-Quin vive?

-El diablo -murmur el llamado Wan Stiller.

Su compaero, en cambio, grit, con toda la fuerza de sus pulmones:

-Si tiene tanta curiosidad, acrquese hasta nosotros y se lo diremos a pistoletazos!

La fanfarronada no pareci incomodar a la voz que interrogaba desde la cubierta del barco:

-Avancen, valientes -respondi-, y vengan a abrazar a los hermanos de la costa!

Los hombres de la canoa lanzaron un grito de alegra.

-Que me trague el mar si no es una voz conocida -dijo Carmaux-. Slo un hombre, entre todos los valientes de las Tortugas, puede atreverse a venir hasta aqu, a ponerse a tiro de los caones de los fuertes espaoles: el Corsario Negro!

-Truenos de Hamburgo! El mismo!

-Y qu triste noticia para ese marino audaz! Otro de sus hermanos colgado en la infame horca.

-Se vengar, Carmaux!

-Lo creo, y nosotros estaremos a su lado el da que ahorque a ese condenado gobernador de Maracaibo!