< Matilda (fragmento) >

Leído por I.B. de 6A el 2022-12-09

Texto

Obra: Matilda
Autor: Roald Dahl

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Ocurre una cosa graciosa con las madres y los padres. Aunque su hijo sea el ser ms repugnante que uno pueda imaginarse, creen que es maravilloso.

Algunos padres van an ms lejos. Su adoracin llega a cegarlos y estn convencidos de que su vstago tiene cualidades de genio.

Bueno, no hay nada malo en ello. La gente es as. Slo cuando los padres empiezan a hablarnos de las maravillas de su descendencia es cuando gritamos: Triganme una palangana! Voy a vomitar!.

Los maestros lo pasan muy mal teniendo que escuchar estas tonteras de padres orgullosos, pero normalmente se desquitan cuando llega la hora de las notas finales de curso. Si yo fuera maestro, imaginara comentarios genuinos para hijos de padres imbciles. Su hijo Maximilian -escribira- es un autntico desastre. Espero que tengan ustedes algn negocio familiar al que puedan orientarle cuando termine la escuela, porque es seguro, como hay infierno, que no encontrar trabajo en ningn sitio.

O si me sintiera inspirado ese da, podra escribir: Los saltamontes, curiosamente, tienen los rganos auditivos a ambos lados del abdomen. Su hija Vanessa, a juzgar por lo que ha aprendido este curso, no tiene rganos auditivos.

Podra, incluso, hurgar ms profundamente en la historia natural y decir: La cigarra pasa seis aos bajo tierra como larva y, como mucho, seis das como animal libre a la luz del sol y al aire. Su hijo Wilfred ha pasado seis aos como larva en esta escuela y an estamos esperando que salga de la crislida. Una nia especialmente odiosa podra incitarme a decir: Fiona tiene la misma belleza glacial que un iceberg, pero al contrario de lo que sucede con ste, no tiene nada bajo la superficie. Estoy seguro de que disfrutara escribiendo los informes de fin de curso de las sabandijas de mi clase. Pero ya est bien de esto. Tenemos que seguir.

A veces se topa uno con padres que se comportan del modo opuesto. Padres que no demuestran el menor inters por sus hijos y que, naturalmente, son mucho peores que los que sienten un cario delirante. El seor y la seora Wormwood eran de sos. Tenan un hijo llamado Michael y una hija llamada Matilda, a la que los padres consideraban poco ms que como una postilla. Una postilla es algo que uno tiene que soportar hasta que llega el momento de arrancrsela de un papirotazo y lanzarla lejos. El seor y la seora Wormwood esperaban con ansiedad el momento de quitarse de encima a su hijita y lanzarla lejos, preferentemente al pueblo prximo o, incluso, ms lejos an.

Ya es malo que haya padres que traten a los nios normales como postillas y juanetes, pero es mucho peor cuando el nio en cuestin es extraordinario, y con esto me refiero a cuando es sensible y brillante. Matilda era ambas cosas, pero, sobre todo, brillante. Tena una mente tan aguda y aprenda con tanta rapidez, que su talento hubiera resultado claro para padres medianamente inteligentes. Pero el seor y la seora Wormwood eran tan lerdos y estaban tan ensimismados en sus egostas ideas que no eran capaces de apreciar nada fuera de lo comn en sus hijos. Para ser sincero, dudo que hubieran notado algo raro si su hija llegaba a casa con una pierna rota.

Michael, el hermano de Matilda, era un nio de lo ms normal, pero la hermana, como ya he dicho, llamaba la atencin. Cuando tena un ao y medio hablaba perfectamente y su vocabulario era igual al de la mayor parte de los adultos. Los padres, en lugar de alabarla, la llamaban parlanchina y le rean severamente, dicindole que las nias pequeas deban ser vistas pero no odas.

Al cumplir los tres aos, Matilda ya haba aprendido a leer sola, valindose de los peridicos y revistas que haba en su casa. A los cuatro, lea de corrido y empez, de forma natural, a desear tener libros. El nico libro que haba en aquel ilustrado hogar era uno titulado Cocina fcil, que perteneca a su madre. Una vez que lo hubo ledo de cabo a rabo y se aprendi de memoria todas las recetas, decidi que quera algo ms interesante.

-Pap -dijo-, no podras comprarme algn libro?

-Un libro? -pregunt l-. Para qu quieres un maldito libro?

-Para leer, pap.

-Qu demonios tiene de malo la televisin? Hemos comprado un precioso televisor de doce pulgadas y ahora vienes pidiendo un libro! Te ests echando a perder, hija...