< Monlogo de un perro >

Leído por M.R.C. de 5C el 2023-01-19

Texto

Obra:
Autor: Antonio Gala

Música

Obra: Walk
Autor: Ludovico Einaudi
Intérprete: Ludovico Einaudi

Yo no creo haber hecho nada malo esta maana. Me parecieron todos muy nerviosos. Iban y venan por los pasillos, esquivndose unos a otros.

Ella le gritaba a la madre de l. Y los dos nios, con las manos llenas de cosas, entraban en el dormitorio de los padres, que yo tengo prohibido. La pequea -la ms amiga ma- choc contra m dos o tres veces. Yo le buscaba los ojos, porque es la mejor manera que tengo de entenderlos: los ojos y las manos. El resto del cuerpo ellos lo saben dominar y, si se lo proponen, pueden engaarte y engaarse entre s; pero las manos y los ojos, no.

Sin embargo, esta maana mi pequea ni me quera mirar. Slo despus de ir detrs de ella mucho tiempo, en aquel vaivn desacostumbrado, me dijo: "Drake, no me pongas nerviosa. No ves que nos vamos de veraneo y estn los equipajes sin hacer?". Pero no me toc ni me mir. Yo, para no molestar, me fui a mi rincn, me ech encima de mi manta y me hice el dormido.

Tambin a mi me ilusionaba el viaje. Les haba odo hablar durante das del mar y de la montaa. No saba con certeza qu haban elegido; pero comprendo que, en las vacaciones -y ms en stas, que son mas largas que las otras dos- mi pequea podr estar todo el da conmigo. Y lo pasaremos muy bien, estemos donde estemos, siempre que sea juntos.

Tardaron tres horas en iniciar la marcha. Fueron bajando las maletas al coche, los paquetes, la comida -que ola a gloria- y los envoltorios del ltimo momento. Yo necesitaba correr de arriba abajo por la escalera pero me aguant. Cuando fueron a cerrar la puerta, ech de menos mi manta. Entr en su busca; me sent sobre ella; pero l me llam muy enfadado. -"Drake, venga!"-, y no tuve ms remedio que seguirlo. Mientras bajaba, ca en la cuenta de que, en el lugar al que furamos, habra otra manta. Ellos siempre tienen razn. Los tres mayores, mi pequea, su hermano y yo. Era difcil caber en aquel coche, tan cargado de bultos; pero estbamos bien, tan apretados todos.

Yo me acurruqu en la parte de atrs, bajo los pies de los nios. La madre de l se sent en un extremo, que suele ser su sitio, y todava no se le haban olvidado las voces de ella, porque no deca nada; solo miraba las calles y las calles y la luz, que era muy fuerte, a travs del cristal. Los nios se peleaban con cualquier pretexto esta maana; seguan muy nerviosos. Yo sufr sus patadas con tranquilidad, porque saba que no iban a durar y porque era el principio de las vacaciones.

Cuando, de pronto, el nio le dio un coscorrn a mi pequea, yo le lam en cambio las piernas con cario; pero ella me dio un manotazo, como si la culpa hubiera sido ma. La mir para ver si sus ojos me decan lo contrario.

Ella, mi pequea quiero decir, no me miraba. Fue cuando ya habamos perdido de vista la ciudad.

l se ech a un lado y par el coche. Los de delante daban voces los dos. No s si porque discutan o por qu. La madre de l no deca nada; ya antes haba empezado a decir algo, y ella la cort con muy malos modales. Tampoco los nios decan nada. l baj del coche y cerr de un portazo; le dio la vuelta; abri la puerta del lado de los nios y me agarr por el collar. Yo no entend. Quiz quera que hiciese pis, pero yo lo haba hecho en un rbol mientras cargaba y dispona los bultos. Empuj con violencia la puerta y volvi a sentarse al volante.

O el ruido del motor.

Alc las manos hacia la ventanilla; me apoy en el cristal. Detrs de l vi la cara de mi pequea con los ojos muy redondos; le temblaban los labios. Arranc el coche y yo ca de bruces. Corr tras l, porque no se daban cuenta de que yo no estaba dentro; pero aceler tanto que tuve que detenerme cuando ya el corazn se me sala por la boca. Me apart, porque otro coche, en direccin contraria, casi me arrolla. Me ech a un lado, a esperar y a mirar, porque estoy seguro de que volvern por m. Tanto miraba en la direccin de los desaparecidos que me distraje y un coche negro no pudo evitar atropellarme. No ha sido mucho: un golpe seco que me tir a la cuneta.

Aqu estoy. No me puedo mover. Primero porque espero que vuelvan a este mismo sitio en el que me dejaron; segundo, porque no consigo menear esta pata. Quiz el golpe del coche negro aqul no fue tan poca cosa como cre. Me duele la pata hasta cuando me la lamo.

Me duele todo.

Pronto vendr mi pequea y me acariciar y me mirar a los ojos. Los ojos y las manos de mi pequea nunca sern capaces de engaarme. Aqu estar. Si tuviese siquiera un poco de agua: hace tanto calor y tengo tanto sueo.

No me puedo dormir.

Tengo que estar despierto cuando lleguen.

Me siento ms solo que nadie en este mundo.

Aqu estar hasta que me recojan.

Ojal vengan pronto.