Momo (fragmento II)

13/03/2024 - D.N.G. - 5A

Texto

Obra: Momo
Autor: Michael Ende

Música

Obra: Tahis Meditation
Autor: Jules Massenet
Intérprete: Rusanda Panfili y Donka Angatscheva

Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo.

Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo que hagamos durante esa hora.

Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazn.

Y nadie lo saba tan bien, precisamente, como los hombres grises. Nadie saba apreciar tan bien el valor de una hora, de un minuto, de un segundo de vida, incluso, como ellos. Claro que lo apreciaban a su manera, como las sanguijuelas aprecian la sangre, y as actuaban.

Ellos se haban hecho sus planes con el tiempo de los hombres. Eran planes trazados muy cuidadosamente y con gran previsin. Lo ms importante era que nadie prestara atencin a sus actividades. Se haban incrustado en la vida de la gran ciudad y de sus habitantes sin llamar la atencin. Paso a paso, sin que nadie se diera cuenta, continuaban su invasin y tomaban posesin de los hombres.

Conocan a cualquiera que pareca apto para sus planes mucho antes de que ste se diera cuenta. No hacan ms que esperar el momento adecuado para atraparle. Aunque hicieran todo lo posible para que ese momento llegara pronto.

Tomemos, por ejemplo, al seor Fusi, el barbero. Es cierto que no se trataba de un peluquero famoso, pero era apreciado en su barrio. No era ni pobre ni rico. Su tienda, situada en el centro de la ciudad, era pequea, y ocupaba a un aprendiz.

Un da, el seor Fusi estaba a la puerta de su establecimiento y esperaba a la clientela. El aprendiz libraba aquel da, y el seor Fusi estaba solo. Miraba cmo la lluvia caa sobre la calle, pues era un da gris, y tambin en el espritu del seor Fusi haca un da plomizo.

Mi vida va pasando, pensaba, entre el chasquido de las tijeras, el parloteo y la espuma de jabn. Qu estoy haciendo de mi vida? El da que me muera ser como, si nunca hubiera existido.

A todo eso no hay que creer que el seor Fusi tuviera algo que oponer a una charla. Todo lo contrario: le encantaba explicar a los clientes, con toda amplitud, sus opiniones, y or lo que ellos pensaban de ellas. Tampoco le molestaba en absoluto el chasquido de las tijeras o la espuma de jabn. Su trabajo le gustaba mucho y saba que lo haca bien. Especialmente su habilidad en afeitar a contrapelo bajo la barbilla era difcil de superar. Pero hay momentos en que uno se olvida de todo eso. Le pasa a todo el mundo.

Toda mi vida es un error!, pensaba el seor Fusi. Qu se ha hecho de m? Un insignificante barbero, eso es todo lo que he conseguido ser. Pero si pudiera vivir de verdad sera otra cosa distinta.

Claro que el seor Fusi no tena la menor idea de cmo habra de ser eso de vivir de verdad. Slo se imaginaba algo importante, algo muy lujoso, tal como vea en las revistas.

Pero, pensaba con pesimismo, mi trabajo no me deja tiempo para ello. Porque para vivir de verdad hay que tener tiempo. Hay que ser libre. Pero yo seguir toda mi vida preso del chasquido de las tijeras, el parloteo y la espuma de jabn.

En ese momento se acerc un coche lujoso, gris, que se detuvo exactamente delante de la barbera del seor Fusi. Se ape de l un seor gris, que entr en el establecimiento. Puso su cartera gris en la mesa, delante del espejo, colg su bombn del perchero y, sentndose en el silln, sac del bolsillo un cuaderno de notas que comenz a hojear, mientras fumaba su pequeo cigarro gris.

El seor Fusi cerr la puerta de la barbera porque le pareci que, de repente, haca mucho fro all.