(Adaptación de la obra de Olga Mínguez realizada por I.B.P. de 5º de Primaria del CEIP "Ferroviario" de Ciudad Real)
En escena tres adolescentes. La CHICA 1 y la CHICA 2 están de pie. El CHICO 3 está sentado y alejado de las otras chicas.
CHICA 1: Míralo, ahí está.
CHICA 2: Pasando de todo el mundo.
CHICA 1: Como si fuera superior a los demás.
CHICA 2: Es que se cree superior.
CHICA 1: Y encima los profes lo defienden.
CHICA 2: Claro, como está enfermo...
CHICA 1: Pues yo no me creo lo de su enfermedad.
CHICA 2: ¿Cómo se llamaba?
CHICA 1: ¿El qué?
CHICA 2: Su enfermedad.
CHICA 1: Uf, no me acuerdo. Era un nombre raro.
CHICO 3: Trastorno del Espectro Autista, no es una enfermedad sino una condición, una forma de ver la vida de manera diferente.
CHICA 2: Bueno, da igual. El caso es que todo se lo perdonan por la enfermedad esa.
CHICA 1: Pero ¿tú le has visto algo raro en el cuerpo? Es un tío normal.
CHICA 2: Mujer, que la enfermedad es de la cabeza. Será por eso que no se le ve nada, digo yo.
CHICA 1: A mí, las enfermedades del coco no me convencen.
CHICA 2: ¿Qué quieres decir?
CHICA 1: Que cuando tienes una enfermedad mental, estoy segura de que muchas veces es porque te lo has buscado. Es como una depresión, que quien la tiene no sale de ella porque no quiere.
CHICA 2: ¿Piensas que su enfermedad es como una depresión?
CHICA 1: Pues más o menos, ¿no?
CHICO 3: Esta condición se llama Trastorno del Espectro Autista y como indica, es un espectro, que quiere decir que no es algo concreto, sino que varía en función de la persona, porque todas las personas somos diferentes y necesitamos ayuda en diferentes aspectos de nuestra vida.
CHICA 2: La verdad es que ya podría haber hecho por relacionarse con el resto de la clase.
CHICA 1: No lo hace porque no le da la gana. Así, todos los profesores lo tratan de forma diferente.
CHICA 2: De forma especial.
CHICA 1: Pues no es especial.
CHICA 2: Es un tío raro.
CHICA 1: Siempre hablando con palabras raras.
CHICA 2: ¿Te digo una cosa? Yo creo que busca por internet esas palabrejas en su casa y se las prepara para decirlas al día siguiente en clase.
CHICA 1: ¡Ostras, no lo había pensado! Pues mira, no me extrañaría. Con la poca vida social que tiene, no creo que tenga algo mejor que hacer por las tardes.
CHICO 3: Las personas autistas no deseamos que nos den un trato especial o discapacitante, nuestra condición no supone que tengamos un retraso ni mental ni del lenguaje. Podemos tener un amplio vocabulario, aunque suene muy elaborado y formal cuando lo usamos en el día a día.
CHICA 2: Si fuera un poco más normal, no me habría importado hablar con él en los recreos.
CHICA 1: ¿Cómo de normal?
CHICA 2: Pues que tuviera más empatía, por ejemplo.
CHICA 1: ¿Qué es eso de la empatía?
CHICA 2: ¿No te acuerdas del otro día en la hora de tutoría?
CHICA 1: ¿Cuando vino el psicólogo?
CHICA 2: Sí. Nos puso un vídeo sobre la empatía.
CHICA 1: No me enteré de nada.
CHICA 2: Pues nada, que el vídeo decía que la empatía es ponerte en el lugar de otra persona. Si este pavo fuera capaz de hacer eso y de no ir tanto a lo suyo, pues a lo mejor tendría algún amigo.
CHICA 1: ¡Qué va a ser capaz ese! Pero si ni entiende las bromas. Se lo toma todo al pie de la letra. Con lo patético que resulta tener que explicarle un chiste a alguien.
CHICO 3: Las personas autistas tenemos empatía y podemos reaccionar a la expresión de emociones del resto (llanto, tristeza, dolor, alegría…), aunque no siempre lo hacemos de la manera que los demás esperan. Además, nos puede resultar difícil leer entre líneas, los mensajes ambiguos o el sentido figurado, ya que solemos entender las cosas de manera literal.
CHICA 2: Oye, y todo esto de no entender las cosas, ¿no será porque tiene un retraso? Te lo digo porque ayer la profe de cono le hizo una pregunta y él contestó algo que no tenía nada que ver.
CHICA 1: Yo no me acuerdo de eso.
CHICA 2: Pues nada, que la profe le preguntó por algo de los ecosistemas y él va y le contesta que existieron no sé cuántos tipos de dinosaurios. La clase se empezó a reír, y la profe nos mandó callar.
CHICA 1: Lo de siempre, los profes lo protegen.
CHICA 2: Y va la profe y nos dice que no tenemos por qué reírnos, que ninguno de nosotros sabrá nunca tanto de dinosaurios como él.
CHICA 1: Como si saber de dinosaurios nos fuera a valer para algo en la vida.
CHICA 2: Tienes razón. Los dinosaurios no sirven para nada.
CHICO 3: A las personas autistas nos puede resultar difícil seguir una conversación, pero nuestra intención no es ignorar a la persona con la que hablamos. No permitas que esto se convierta en motivo de burla. Podemos tener intereses especiales (trenes, astronomía, dinosaurios…) y dominar la materia a niveles de experto.
CHICA 1: ¿Cuándo decidiste que te caía mal? Yo, desde el primer día de clase.
CHICA 2: ¿Tan pronto? Chica, si ni siquiera lo conocías.
CHICA 1: Era nuevo. Y mira, cuando alguien se cambia de instituto es por algo malo.
CHICA 2: ¿Y cómo lo sabes? ¿Le has preguntado?
CHICA 1: Si yo con él no he hablado nunca, las pocas veces que me he acercado en el recreo, casi ni me saluda, es que ¡ni me mira!
CHICA 2: Tía, entonces no vayas diciendo eso por ahí, que te acusan de bullying fijo.
CHICA 1: Ya estamos con el puñetero bullying. Qué pesado está todo el mundo con el tema.
CHICA 2: Es que está de moda.
CHICA 1: ¿Y de qué me van a acusar? No le he hecho nada.
CHICA 2: Le das de lado.
CHICA 1: No me fastidies, yo y toda la clase, que además es él quien se aparta, como si lo fuéramos a morder.
CHICA 2: Toda la clase no, más bien todo el instituto.
CHICA 1: Él se lo busca. Si no se quiere integrar, es su problema.
CHICO 3: En ambientes con mucha gente, ruido y estímulos nos sentimos estresados, además nos cuesta establecer contacto visual, por ello evitamos mirar al otro, porque supone un esfuerzo añadido y por lo tanto, más estrés. No entendemos porqué los demás nos rechazan y somos blanco fácil para el acoso. Esto nos puede llevar a la depresión, la ira, la ansiedad y el nerviosismo.
CHICA 2: A mí a veces me da un poco de pena, pero luego pienso en lo de la clase de gimnasia y se me pasa…
CHICA 1: ¿A qué te refieres?
CHICA 2: Pues que el profe nos dice que no lo elijamos siempre el último, pero cada vez que le toca en mi equipo, perdemos, si es que es un patoso y se le escapa el balón aunque se lo des en la mano.
CHICA 1: Además de que se mueve muy raro, siempre con esos gestos… pero hay que aguantarse.
CHICO 3: Algunas personas autistas somos vistas como torpes debido a la dispraxia, que dificulta nuestros movimientos. También resultan llamativas nuestras estereotipias, movimientos repetitivos que empleamos para regularnos y que pueden molestar a los demás.
CHICA 2: Que no, tía, que no lo aguanto. Y desde que ha llegado el sustituto de lengua parece que la cosa ha ido a peor, lleva dos días insoportable, parece que todo le molesta.
CHICA 1: A ver si el próximo curso tenemos suerte y no nos toca en clase.
CHICA 2: O lo cambian de instituto otra vez.
CHICA 1: Eso sería lo mejor. Seguro que a él le da igual. Ni siente ni padece.
CHICA 2: ¿Tú crees que no le molesta que nos metamos con él o que le demos de lado?
CHICA 1: ¿Pero lo estás viendo? Nosotras poniéndolo a parir y él ahí sentado como si fuera tonto.
CHICA 2: Pues sí, mejor que se vaya.
CHICA 1: Muerto el perro, se acabó la rabia.
CHICO 3: Ante cambios inesperados nos podemos sentir molestos, con angustia o ansiedad, pero las rutinas nos ayudan. Los autistas tenemos emociones aunque procesamos lo que nos rodea de una manera diferente. Tenemos una mente y un corazón que no todo el mundo alcanza a entender . Vuestra comprensión y empatía es fundamental para llevar mejor las situaciones difíciles, aceptando la diversidad y respetando las diferencias que pueda haber entre nosotros. Seamos como piezas de un mismo puzzle, donde cada uno tiene su lugar y puede encajar, como piezas diferentes pero necesarias.